Imaginemos, por un momento, que la
inteligencia artificial llega a producir música, literatura, pintura o cine con
una calidad extraordinaria y prácticamente ilimitada. El problema ya no sería
si una máquina puede ser creativa, sino qué sucede con nosotros cuando la
excelencia deja de ser escasa. Este experimento mental conduce a una
paradoja: la abundancia de obras maestras podría saturar nuestra atención y, al
mismo tiempo, aumentar el valor que concedemos a la autoría, la biografía, el
esfuerzo y la imperfección humanas. También obligaría a revisar para qué
educamos, qué trabajo queremos conservar y por qué crear sigue teniendo sentido
cuando una máquina puede producir un resultado mejor. La cuestión decisiva
quizá no sea qué podrá hacer la IA, sino qué capacidades humanas decidiremos
seguir cultivando cuando ya no sean estrictamente necesarias para producir.
Una fantasía
que empieza a rozar el presente
Esto no es una predicción. Propongo un experimento mental.
Han pasado los años y la inteligencia artificial ha desarrollado —o le
hemos permitido desarrollar— todo su potencial. Sus sistemas producen obras que
críticos, expertos y ciudadanos consideran originales, sorprendentes, bellas y
emocionalmente poderosas. En aquello que podemos juzgar por el resultado, la IA
ha alcanzado algo parecido a la perfección creativa.
La premisa es deliberadamente fantástica, pero no completamente
arbitraria. Algunos experimentos recientes han encontrado que modelos
generativos igualan o superan al participante humano medio en determinadas
pruebas de pensamiento divergente, aunque los resultados dependen mucho de cómo
se defina y mida la creatividad y las mejores respuestas humanas pueden seguir
siendo competitivas. Creatividad, además, no equivale simplemente a obtener una
puntuación alta en una prueba psicométrica. [1]
Margaret Boden distinguió hace décadas entre creatividad combinatoria,
exploratoria y transformacional y advirtió que generar novedades y evaluar
su valor son problemas diferentes. Esa distinción resulta hoy
sorprendentemente pertinente. [2]
Aceptemos, pues, la fantasía.
Cada mañana aparecen nuevas sinfonías, conciertos, sonatas y óperas
extraordinarias. No pensemos en una máquina imitando a Bach o Beethoven.
Pensemos en algo más difícil: la experiencia de escuchar por primera vez una
obra maestra. Aquella emoción que quizá encontrábamos unas pocas veces a lo
largo de la vida está ahora disponible a voluntad en un repositorio infinito.
Con la literatura sucede lo mismo. Novelas memorables de cualquier
género, poemas en todas las lenguas, personajes inolvidables y estilos que
nadie había imaginado. Ya no se trata de imitar a Cervantes, Borges, Virginia
Woolf o Walt Whitman, sino de reproducir aquella sensación íntima de abrir un
libro desconocido y descubrir que alguien parece haberlo escrito precisamente
para nosotros.
Después llegan la pintura, el cine, la arquitectura, los videojuegos y
formas artísticas que todavía carecen de nombre.
La antigua pregunta —«¿pero esto es realmente creatividad?»— empieza a
perder importancia para parte del público. Si una obra conmueve, sorprende y
permanece en nuestra memoria, la frontera cotidiana entre crear y simular
perfectamente los efectos de la creación se vuelve menos evidente. Algunos
datos actuales ya insinúan esa dificultad: en un estudio de 2024, lectores no
expertos identificaron la autoría de poemas humanos y generados por IA peor que
el azar y, sin información sobre el origen, valoraron favorablemente muchos
poemas artificiales. [3]
La paradoja
de la abundancia: cuando la perfección satura
Entonces aparece el verdadero problema.
No la escasez.
La abundancia.
Si cada día podemos escuchar cien canciones extraordinarias, ¿qué
significa que aparezca la número ciento uno? Si tenemos diez mil novelas
excepcionales esperando ser leídas, ¿qué valor tiene descubrir la diez mil una?
¿Seguiría siendo sublime una experiencia estética sublime que pudiera
solicitarse mediante una frase?
La psicología conoce fenómenos de habituación, saciedad y adaptación
hedónica: la repetición de experiencias positivas puede reducir parte del
placer que producen, aunque la variedad, el significado y la atención modulan
ese proceso. Trasladar esos resultados a una hipotética abundancia de obras
maestras sería una extrapolación, no una conclusión científica. Pero constituye
una extrapolación razonable para este experimento mental. [4]
Durante siglos, una obra excepcional lo fue por sus cualidades, pero
también por su rareza. Nuestro futuro imaginario elimina esta última.
La perfección podría saturarnos.
Y la mercancía verdaderamente escasa del futuro quizá no fuese la
creatividad, sino algo mucho más frágil: nuestra atención y nuestra
capacidad de asombro.
|
|
La investigación actual ofrece, además, una advertencia interesante. El
uso de IA generativa puede aumentar notablemente la productividad artística,
pero un análisis de millones de obras encontró simultáneamente aumentos de
productividad y descensos en ciertas medidas de novedad media. Más producción,
por tanto, no implica necesariamente más diversidad creativa. [5]
El regreso
del autor: arte como testimonio de una existencia
Pero podría suceder algo aparentemente paradójico: cuanto más perfecta
fuese la creación artificial, más importante podría volverse saber quién
creó una obra y por qué.
Una canción técnicamente imperfecta adquiriría otro valor porque
sabríamos que hubo alguien detrás de ella: alguien que dudó, aprendió, fracasó,
envejeció, amó, perdió y dedicó una parte irrepetible de su tiempo a
producirla. Para una persona, una obra no es una posibilidad entre millones de outputs.
Es una fracción de una vida finita.
La evidencia experimental muestra que la atribución de autoría modifica
efectivamente nuestra experiencia estética. Obras idénticas reciben
valoraciones diferentes cuando se presentan como humanas o generadas por IA;
los efectos parecen ser especialmente relevantes para dimensiones relacionadas
con significado, profundidad, esfuerzo percibido y valor. [6]
Tal vez, entonces, el arte humano dejase de competir con la máquina por
ser «mejor» y adquiriese otra función: ser testimonio de una existencia.
Una carta escrita a mano no supera tecnológicamente a un mensaje
instantáneo. Pero su valor pertenece a otra categoría.
Quizá algo semejante ocurriese con una canción humana en un mundo de
música artificial perfecta.
Esta tabla no describe hechos futuros; resume las tensiones que plantea
el experimento mental, apoyadas en los estudios actuales sobre autoría,
abundancia, aprendizaje y economía creativa. [7]
|
Dimensión |
Arte humano |
Arte de «IA perfecta» |
|
Valor emocional |
Puede incorporar biografía, esfuerzo, vulnerabilidad y vínculo con
otra persona |
Podría alcanzar una intensidad estética extraordinaria y
personalizarse casi sin límite |
|
Autenticidad |
Asociada a intención, trayectoria y experiencia vital del autor |
Podría residir más en la experiencia del receptor que en una
biografía creadora |
|
Aprendizaje |
Crear transforma al creador: exige práctica, juicio, paciencia y
tolerancia al error |
Facilita exploración y producción, pero una sustitución excesiva
podría reducir la práctica de ciertas capacidades |
|
Mercado |
La procedencia humana, la escasez y la historia de la obra podrían
ganar valor |
Coste marginal muy bajo y oferta enorme; la atención, la selección y
la confianza pasarían a ser recursos escasos |
Educación,
trabajo y bienestar: aprender cuando ya no es necesario
La consecuencia más importante quizá no afectaría al arte, sino a la
educación.
Si una IA escribiese, programase, diagnosticase, diseñase o compusiese
mejor que nosotros, cabría preguntarse para qué seguir aprendiendo esas
actividades.
La respuesta «porque serán necesarias para conseguir empleo» perdería
parte de su fuerza.
Pero aprender nunca ha servido únicamente para producir resultados.
Estudiar matemáticas modifica nuestra manera de razonar; aprender música educa
la escucha; leer literatura amplía los repertorios con los que interpretamos
otras vidas; la formación científica enseña a distinguir intuición de
evidencia. Y estudiar medicina no consiste simplemente en fabricar
diagnósticos: implica aprender a convivir con la incertidumbre, deliberar,
asumir responsabilidad y comprender qué significa enfermar para otra persona.
UNESCO está defendiendo precisamente una incorporación de la IA a la
educación centrada en la agencia humana, el pensamiento crítico, la inclusión y
la autonomía, y sostiene que la tecnología debe apoyar, no sustituir, la
contribución profesional de los docentes. [8]
En el trabajo ocurrirá algo semejante. La OIT estima que
aproximadamente uno de cada cuatro empleos presenta algún grado de exposición a
la IA generativa, pero considera más probable una transformación de tareas
que una desaparición generalizada de ocupaciones. En las industrias culturales,
además, identifica problemas específicos de remuneración, control creativo y
condiciones laborales. [9] La
UNESCO ha advertido en 2026 de posibles pérdidas significativas de ingresos
para los creadores si no se modifican las políticas culturales y económicas. [10]
Y queda el bienestar. Una gran revisión de la OMS reunió evidencia
procedente de más de 3.000 estudios sobre las relaciones entre participación
artística, salud y bienestar, aunque con diseños y grados de evidencia
heterogéneos. [11]
Aquí aparece una distinción esencial: no es lo mismo consumir una
obra que hacerla.
Escuchar una sonata perfecta no es tocar el piano. Leer un poema
extraordinario no es pasarse veinte minutos buscando una palabra y descubrir
que ninguna sirve. Contemplar un dibujo impecable no equivale a intentar
dibujar una mano y confirmar, una vez más, que las manos mantienen una
conspiración histórica contra los aficionados.
Algunas actividades humanas son valiosas precisamente porque son
ineficientes.
Qué
deberíamos empezar a proteger ahora
Este futuro es ficticio; las decisiones que plantea no lo son. Cuatro
principios resultarían razonables para universidades, empresas, instituciones
sanitarias y gestores culturales.
Evaluar procesos, no solo productos. Cuando
generar un resultado excelente sea fácil, cobrarán mayor importancia los
borradores, la argumentación, la defensa oral, las decisiones tomadas y la
capacidad para justificar el uso —o el no uso— de IA. Es una consecuencia
coherente con el énfasis de UNESCO en preservar la agencia y el juicio humanos.
[8]
Enseñar dos competencias simultáneas: utilizar IA y saber prescindir de
ella. No tendría sentido formar profesionales
tecnológicamente analfabetos, pero tampoco personas incapaces de razonar,
escribir, calcular, interpretar o decidir sin asistencia. La cuestión educativa
no debería ser «IA sí o no», sino qué capacidades conviene automatizar y cuáles
necesitamos practicar para seguir siendo autónomos. [12]
Preservar cierta fricción productiva. La
facilidad es útil para producir; no siempre lo es para aprender. Los
experimentos sobre creatividad muestran, de hecho, que los resultados
comparativos entre humanos e IA cambian cuando se modifican el tiempo, las
instrucciones y las condiciones de la tarea. [13]
Proteger autoría, procedencia y trabajo cultural. Las políticas deberían facilitar transparencia sobre el origen de los
contenidos, reconocimiento y remuneración justos, protección de derechos y
participación de los profesionales culturales en las reglas que gobiernan las
herramientas que afectan a su trabajo. Son prioridades destacadas por UNESCO y
la OIT. [14]
Utilizar la IA para ampliar posibilidades, no para externalizar el
juicio. En creación, educación y profesiones de alta
responsabilidad, el valor humano puede desplazarse progresivamente desde la
ejecución hacia la formulación del problema, la selección, la contextualización
y la responsabilidad final. La evidencia sobre creación asistida por IA ya
apunta a la importancia creciente de la ideación y el filtrado humanos. [5] En
salud, la OMS insiste además en autonomía, transparencia, seguridad y
responsabilidad humana. [15]
Quizá nunca
creamos para fabricar obras maestras
Llegamos así a la pregunta decisiva.
Si las máquinas escribieran mejor que nosotros, compusieran mejor que
nosotros y dibujaran mejor que nosotros…
¿dejaríamos de crear?
Sospecho que no.
Seguiríamos escribiendo poemas mediocres, tocando canciones llenas de
errores, fotografiando, cocinando, bailando y contando historias aunque nadie
necesitara aquello que producimos.
Porque quizá confundimos durante demasiado tiempo el valor de una
actividad con la calidad de su producto final.
John Dewey situó la experiencia —el hacer, padecer, transformar y ser
transformado durante una actividad— en el centro de su filosofía del arte.
Teresa Amabile, desde la psicología de la creatividad, ha destacado a su vez la
importancia de la motivación intrínseca: hacer algo también porque hacerlo
resulta interesante, desafiante o significativo. [16]
Tal vez el día en que una máquina sea capaz de producir una obra
perfecta descubramos finalmente por qué los seres humanos nunca necesitaron ser
perfectos para crear.
Quizá crear no era solamente nuestra manera de cambiar el mundo.
Era también una de las maneras en que el mundo nos cambiaba a nosotros.
Preguntas
para el debate, referencias conceptuales y supuestos
Para quienes trabajamos en educación, medicina, cultura, ciencia o
gestión, quizá merezca la pena plantearnos desde ahora tres preguntas: ¿qué
capacidades seguiríamos enseñando aunque una IA pudiera ejecutarlas mejor?,
¿pagaríamos más por una obra sabiendo que fue creada enteramente por una
persona?, ¿y qué preferimos legar a las próximas generaciones: la capacidad de
producir más o la capacidad de prestar atención, juzgar y crear por sí mismas?
La llamada a la acción para universidades, organizaciones profesionales
y gestores culturales no debería consistir en defender nostálgicamente un mundo
sin IA. Debería ser más ambiciosa: diseñar instituciones en las que una
tecnología extraordinariamente competente aumente las posibilidades humanas sin
convertirnos en meros consumidores de su competencia. UNESCO, la OIT y la
OMS convergen, desde ámbitos diferentes, en una idea semejante: la innovación
necesita gobernanza, capacidades humanas y responsabilidad, no solo rendimiento
técnico. [17]
Como referencias conceptuales de fondo resultan especialmente fértiles Margaret
Boden, por su análisis de la creatividad computacional; John Dewey,
por entender el arte como experiencia; Teresa Amabile, por el papel de
la motivación intrínseca y el contexto social; y la investigación contemporánea
de Koivisto y Grassini, Hubert y colaboradores, Zhou y Lee, y Porter y
Machery sobre creatividad, producción artística y percepción de contenidos
generados por IA. [18]
Supuestos explícitos: «IA perfecta» significa
aquí perfección funcional percibida —capacidad de producir de forma sostenida
obras que los seres humanos juzgan extraordinarias—, no consciencia,
intencionalidad ni experiencia subjetiva de la máquina. El argumento sobre
saturación estética es deliberadamente especulativo y extrapola principios
psicológicos observados en otros contextos. Tampoco se presupone que exista una
medida universal de «calidad artística»: precisamente una de las tesis del
texto es que valor estético, procedencia, significado, esfuerzo y vínculo
humano pueden constituir dimensiones diferentes del valor. [19]
El artículo conserva y desarrolla el experimento mental, las metáforas
del «repositorio infinito», la «perfección que satura» y el arte
humano como «testimonio de una existencia» presentes en el texto de
partida.
[1]
The current state of artificial intelligence generative language models is more
creative than humans on divergent thinking tasks | Scientific Reports
https://www.nature.com/articles/s41598-024-53303-w?utm_source=chatgpt.com
[2]
[18]
Creativity and artificial intelligence - ScienceDirect
https://doi.org/10.1016/s0004-3702%2898%2900055-1?utm_source=chatgpt.com
[3] AI-generated
poetry is indistinguishable from human-written poetry and is rated more
favorably | Scientific Reports
https://www.nature.com/articles/s41598-024-76900-1
[4]
Collective satiation: How coexperience accelerates a decline in hedonic
judgments.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29620400/?utm_source=chatgpt.com
[5]
Generative artificial intelligence, human creativity, and art | PNAS Nexus |
Oxford Academic
https://doi.org/10.1093/pnasnexus/pgae052?utm_source=chatgpt.com
[6]
Understanding how personality traits, experiences, and attitudes shape negative
bias toward AI-generated artworks | Scientific Reports
https://www.nature.com/articles/s41598-024-54294-4?utm_source=chatgpt.com
[7]
Humans versus AI: whether and why we prefer human-created compared to
AI-created artwork - PMC
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10319694/?utm_source=chatgpt.com
[8]
Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación - IIEP UNESCO
[9]
Generative AI and Jobs: A Refined Global Index of Occupational Exposure |
International Labour Organization
[10]
El sector creativo podría perder hasta un 24 % de sus ingresos en
[11]
What is the evidence on the role of the arts in improving health and
well-being? A scoping review
https://www.who.int/europe/publications/i/item/9789289054553?utm_source=chatgpt.com
[12]
La UNESCO dedica el Día Internacional de la Educación 2025 a la
[13]
Time-on-task and instructions help humans to keep up with AI: replication and
extension of a comparison of creative performances | Scientific Reports
https://www.nature.com/articles/s41598-025-05745-z?utm_source=chatgpt.com
[14]
[17]
A new expert report explores how AI is transforming culture | UNESCO
[15]
La OMS propugna un uso seguro y ético de la inteligencia artificial para la
salud
[16]
„Art as Experience“ von John Dewey in Apple Books
https://books.apple.com/de/book/art-as-experience/id1286535793?utm_source=chatgpt.com
[19]
Sentimental value and its influence on hedonic adaptation.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26479364/?utm_source=chatgpt.com
Arora V, Thabane A, Parpia S, et al. Generative artificial intelligence models outperform students on divergent and convergent thinking assessments. Scientific Reports. 2025;15:36987. El artículo es especialmente útil porque, además de encontrar rendimiento superior de los modelos en sus pruebas, cuestiona que los tests actuales sean suficientes para evaluar la creatividad de sistemas generativos.
Bellemare-Pepin A, Lespinasse F, Thölke P, et al. Divergent creativity in humans and large language models. Scientific Reports. 2026;16:1279. El estudio utiliza una base de comparación de alrededor de 100.000 personas y encuentra que los LLM pueden superar al promedio humano en determinadas medidas, pero siguen por debajo del segmento humano más creativo.
Doshi AR, Hauser OP. Generative AI enhances individual creativity but reduces the collective diversity of novel content. Science Advances. 2024. La asistencia de IA mejoró diversas evaluaciones de relatos individuales, pero hizo que las historias producidas fueran más semejantes entre sí.
Fancourt D, Finn S. What is the evidence on the role of the arts in improving health and well-being? A scoping review. WHO Regional Office for Europe, 2019. La revisión sintetizó más de 3.000 estudios relacionados con artes, promoción de la salud, prevención y tratamiento.
Horton CB Jr, White MW, Iyengar SS. Bias against AI art can enhance perceptions of human creativity. Scientific Reports. 2023;13:19001. Seis experimentos muestran que la atribución de una obra a una IA puede modificar negativamente distintas valoraciones aun cuando los productos sean difíciles de distinguir de los humanos, y que la comparación puede realzar la percepción de creatividad humana.
Runco MA, Jaeger GJ. The Standard Definition of Creativity. Creativity Research Journal. 2012;24:92–96. Referencia conceptual clásica para la formulación de creatividad en términos de originalidad y efectividad o valor.
UNESCO. Guidance for generative AI in education and research. 2023. El documento propone una aproximación centrada en las personas y advierte de la necesidad de preservar la agencia humana y los valores humanísticos en la incorporación de la IA generativa a educación e investigación.
World Health Organization. Ethics and governance of artificial intelligence for health, junto con su guía posterior sobre grandes modelos multimodales. La OMS sitúa autonomía, bienestar, seguridad, transparencia y responsabilidad entre los principios centrales para la IA aplicada a salud.
Zhou E, Lee D. Generative artificial intelligence, human creativity, and art. PNAS Nexus. 2024;3:pgae052. El estudio analiza más de cuatro millones de obras y muestra que el aumento de productividad y valoración asociado a herramientas generativas puede convivir con patrones complejos —y parcialmente decrecientes— de novedad.


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